El Combatiente Nº 41
Agosto 2010 - Edición Nº 41 Extra
 

EDITORIAL

Horas se podría estar contando esta historia
y otras parejamente tristes…
¿acaso no está corriendo la sangre
de los 16 fusilados en Trelew?
Por las calles de Trelew y demás calles del país
¿no está corriendo la sangre?
¿hay algún sitio del país donde esa sangre
no está corriendo ahora?

Juan Gelman

Cuando el terror entra de punta en las aldeas
eliminando carne y huesos
deshabitando vientres
hollando el suelo ajeno,
mira como los hombres de esa tierra
se colocan la vida bien en serio,
con el alba,
y se ajustan los tientos de la sangre
por entre sus muertos,
para apretarte el cuello definitivamente.

“La escalada”, Norberto Corti

 

 

El viento patagónico sopla transportando, en su persistente viaje, la furiosa voz de los ausentes. Vuelven desde la conjurada oscuridad las presencias silenciadas por las armas del explotador y su Estado. En el aire flotan y se multiplican los sonidos de los mitines donde los peones rurales acordaban la lucha. Surgen también las heroicas consignas y los ejemplares nombres de los fusilados, sobreviviendo al precipicio de la bala. Aparecen sus rostros como signo de victoria de los oprimidos.

Fue en el penal federal de Rawson donde el poder quiso confinar los gritos de los dirigentes políticos y sindicales del pueblo. Construyeron en la noche de la historia la prisión de máxima seguridad. Pero a la condena de la burguesía se opuso la solidaridad de los pobladores que inmediatamente formaron comisiones de apoyo a los presos: en sus casas engendraron refugios de amor con los que cobijaron a los familiares de los combatientes. ´

Así se construyó la alegría. Los pabellones fueron habitados por canciones que volaban de celda en celda...

Esos hombres, los de adentro y los de afuera, cantaban porque sabían que “las palabras deben ser sólidas y anchas para que todos los hombres puedan transitarlas”. Así los 110 militantes revolucionarios buscaron fugarse de la tenebrosa ignorancia de los cepos.

Dictadura de Lanusse, 15 de agosto de 1972 dice el calendario. Los perseguidos de la tierra, los proscriptos, armaron con conciente sigilo la conspiración de la esperanza: PRT-ERP, FAR y un grupo de dirigentes Montoneros (sin el apoyo de su organización) realizaron tareas de inteligencia sobre el enemigo, acopiaron imitaciones de armas, tomaron los tiempos, confeccionaron uniformes y trazaron la estrategia para volver a reinsertarse en la lucha. Ya lo decía Lenin: “La socialdemocracia no ha mirado nunca ni mira la guerra desde un punto de vista sentimental. Condena en absoluto la guerra como recurso feroz para dilucidar las diferencias entre los hombres, pero sabe que las guerras son inevitables mientras la sociedad esté dividida en clases, mientras exista la explotación del hombre por el hombre. Y para acabar con esa explotación no podremos prescindir de la guerra, que empiezan siempre y en todos los sitios las propias clases explotadoras, dominantes y opresoras”.

Los tiempos de la lucha de clases, en el país, se aceleraban. El movimiento de masas jaqueaba al partido militar que buscaba desesperadamente, mediante el Gran Acuerdo Nacional, una recomposición de las instituciones. Este acuerdo unía a los dirigentes más relevantes del sistema con el fin de “contener con el engaño el formidable avance revolucionario de nuestro pueblo, engaño que consistió en un nuevo retorno al régimen parlamentario, esta vez bajo el signo peronista, mediante un proceso electoral completamente controlado”. Numerosas rebeliones obreras y populares estremecen las calles: 1969 estalla el Cordobazo, acompañado de movimientos insurrecciónales simultáneos en Rosario, Corrientes y Tucumán. 1971: el Vivorazo, primera

acción netamente clasista al margen de las burocracias peronistas contra el interventor militar de Córdoba. En abril de 1972 el Mendozazo, una pueblada contra el aumento de las tarifas eléctricas que obligó a la CGT local a convocar a un paro.

Estos hechos son la representación concreta de un avance organizativo de los trabajadores quienes en 1968 fundaron la CGT de los Argentinos. A partir del ’69 toma un papel protagónico el SITRAC-SITRAM (germen de las futuras interfabriles y el MSB) que dirigió en la práctica el Vivorazo. Indudablemente, en esta coyuntura, las organizaciones revolucionarias crecían y su inserción e influencia en el movimiento obrero se tornaba decisiva.

Fue en el vendaval arrollador de las masas que se gestó la fuga. La entrañable hermandad grababa en la historia la frase “unidad de las organizaciones armadas”. La misma consigna que pintaban los militantes del PRT desde hacía tiempo en las paredes del país. La que se hizo carne en el breve pero perdurable periplo de Rawson al aeropuerto.
El plan fue tan simple como inesperado: “tomar el penal desde adentro”. Se redujeron los guardias. Uno a uno fueron ocupados los pabellones y sus puestos de vigilancia. Todo salía a la perfección; la sincronización y la disciplina de los militantes del PRT hacía notar que muchos ya tenían experiencia en este tipo de operaciones. El propio Roby se fugó, Menna intervino en la fuga del penal de Urquiza, la Sayo fue rescatada de la cárcel y a Ulla lo liberó un comando del ERP del hospital donde los militares lo tenían cautivo. Así, de acuerdo con los planes, partió hacia el aeropuerto el primer grupo de seis compañeros. Pero algo salió mal: por falta de confianza en el colectivo y las inseguridades de los responsables de logística, sumado al deficitario control político de este aspecto central de la tarea, los camiones nunca llegaron al penal. En el aeropuerto de Trelew, mientras tanto, Santucho, Vaca Narvaja, Osatinsky, Gorriarán, Quieto, pasado el tiempo de espera establecido y desconociendo las complicaciones, despegaron en un avión tomado. El segundo contingente de 19 compañeros salió en taxis. Tras su partida, los que quedaron en el penal, viendo que ya sería imposible la fuga, decidieron cerrar las puertas y preparar la rendición.

El avión ya estaba en el aire cuando Mariano Pujadas, desde la torre del aeropuerto ocupado por el segundo grupo, se comunicó con el piloto del avión y le dijo que no volvieran porque era peligroso. Desde entonces -y ya rodeados por el ejército- convocaron, para seguridad propia y de los civiles, a los medios de comunicación. Sólo se entregarían con la presencia de un juez que se comprometiera a garantizar la integridad de todos los compañeros. Todavía resuena la voz de Pedro Bonet “nuestro

objetivo al haber tomado la cárcel, al haber venido hasta aquí e intentar la fuga ha sido el deseo a la reincorporación a la lucha activa. Hemos fracasado, pero, por suerte, varios compañeros nuestros en este momento, están arribando a Puerto Montt, lo cual significa que una serie de cuadros de distintas organizaciones armadas, FAR, ERP, Montoneros, se van a reincorporar activamente a la lucha, esto para nosotros ha sido un éxito, entonces. Aquí, en la Patagonia, concebimos esta lucha, esta acción, como la continuación de la lucha que libraron los obreros rurales, los obreros industriales que en los años 21 fueron asesinados por el ejército, por la represión”.

Luego sucedió la furia de clase de los asesinos quienes intentaron masacrar la historia…

Los verdugos, heridos de muerte por la audacia de los revolucionarios, buscaron infructuosamente borrar sus nombres… Reprimieron salvajemente en todo el país los velorios de los combatientes. Protegieron a los ejecutores de su política. Desaparecieron a familias enteras con la impunidad que les otorga el poder y la complicidad de todas las instituciones de su Estado.

Hoy, 35 años después, el enemigo sigue en el poder disfrazado otra vez de “progresista”. Sus ropajes “nacionales y populares” no logran distraer a las masas proletarias que, como el viento de la Patagonia, arrasan las calles. Rescatan la memoria colectiva, arma de futuro llena de voces ausentes. Buscan en los pasos de los que no están la explicación de la paupérrima realidad. La burguesía intenta, como antes y como siempre, frenar la rueda de la historia, desempolva leyes represivas y militariza los sueños.

Hubieron hombres y mujeres que fueron vendavales, ejemplares seres que osaron expropiar la alegría robada con el salario, trabajadores que concientemente decidieron pelear hasta la muerte por la revolución socialista. Ellos nos muestran el camino, los ecos de sus voces, como las voces de otros en otros tiempos nos recuerdan que el compromiso ahora es nuestro: “a los camaradas que sobrevivan a esta última batalla les estrecho fuertemente la mano. Nosotros hemos cumplido con nuestro deber. Y lo repito una vez más: hemos vivido por la alegría, por la alegría hemos ido al combate y por la alegría morimos. Que la tristeza no sea unida nunca a nuestros nombres”.

COMPAÑEROS FUSILADOS EN TRELEW
¡PRESENTES!
¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

Pablo Augusto Abaddón.