Partido Revolucionario de los Trabajadores
Por la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución" (Ernesto Guevara)

Imprime esta página - Tamaño de texto + / - Editorial - Abril - Junio 2019

EDITORIAL Nº 84

Se va a terminar este gobierno sin que veamos la luz al final del túnel o que por fin llegue el segundo semestre o que cambie el clima de desazón con la lluvia de capitales prometida. Nada de eso ha sucedido ni sucederá. A lo largo de su gestión diversas excusas sirvieron para patear para adelante las promesas que no se cumplían. Ahora, todos sabemos que ya no se cumplirán. Que la pesada herencia, que la crisis internacional, que los “comportamientos culturales”, todo le sirvió al gobierno de Macri como pretexto para que no sólo se justifique, sino para que no mire hacia adentro y directamente ponga afuera las razones del crecimiento de la pobreza, el aumento de la inflación, los despidos masivos, la recesión y la hecatombe económica que ha causado desde que asumió en diciembre de 2015 como si no tuviera la altísima responsabilidad de haber implementado el más poderoso plan de transferencia de ingresos de los más desvalidos hacia los más poderosos. Tampoco le sirvió el intento de sacar los conflictos hacia el plano internacional. El fallido y payasesco intento de golpe de estado imperialista en Venezuela, el triste e indigno papel de ladero menor asumido por el grupo de Lima, el apoyo al fantoche Guaidó apenas si le dieron oxígeno para cinco minutos porque rápidamente la maniobra del patrón yanqui quedó al descubierto y en el medio del ridículo al que arrastró a todos los que siguieron su absurdo intento. Y un nuevo papelón fue el anuncio de Bolsonaro y Macri de crear una moneda propia para Brasil y Argentina: no habían terminado de anunciarlo cuando el propio Banco Central de Brasil salió a descalificar a ambos presidentes y a aclarar que es inviable tal propuesta, pura serpentina para el carnaval de la política latinoamericana de los más fascistas del continente.

Macri y sus CEO funcionarios están desnudos como el rey. De a poco fueron perdiendo credibilidad y seguidores. Muchos de los votantes prestados que buscaban “el cambio” ya se dieron cuenta de que una vez más creyeron en falsas promesas que los condujeron a un empobrecimiento general del que será difícil salir, por no decir imposible. Esperaron y repitieron como loros que “había que darles tiempo” y se lo dieron con cierta ingenuidad y alta inconciencia. Rápidamente comenzó el plan de despidos masivos y fueron implementados los tarifazos que terminaron siendo los promotores de cierres de pequeñas y medianas empresas, la bajada de persianas de miles de comercios, la desaparición de miles de puestos de trabajo.

El principal síntoma del quite de apoyo popular al gobierno fueron las sucesivas elecciones provinciales en las que fueron desplazados a segundos o terceros incómodos lugares por candidatos de una supuesta oposición que no es tan opositora si se considera que todas las leyes hambreadoras, desde la reforma previsional, hasta la legitimación de decretos de necesidad y urgencia, fueron aprobadas con amplia participación de diputados y senadores peronistas provinciales que levantaron la mano en las cámaras y luego el dedo acusatorio como si nada tuvieran que ver con las medidas de las cuales fueron cómplices, partícipes activos y necesarios.

Macri y sus socios representan la cara civil de lo que otrora fuera el partido militar, con sus mismas ideas y privilegios, sus mismos odios y su carácter reaccionario. Sin embargo, eran necesarios para la burguesía para que hicieran el trabajo sucio del ajuste que el peronismo no quería hacer de manera directa pero que secundó, indirectamente, con su voto en ambas cámaras legislativas. ¡Y vaya si hicieron el trabajo sucio! Lo cumplieron con creces, aceleradamente, sin titubear y sin tener el más mínimo remordimiento. A eso vinieron, eso hicieron por mandato y necesidad de la clase a la que pertenecen no sólo ellos, sino todos los que los secundaron.

Engañarse y creer que este trabajo sucio lo hicieron solos llevará a una nueva frustración, lamentablemente. Pensar que el futuro depara un retroceso al punto de partida anterior a diciembre de 2015 es otro engaño para las masas y los trabajadores. Será difícil recuperar los derechos perdidos pues no son demasiado diferentes y todos están convencidos, por ejemplo, de que los costos laborales son demasiado altos, por lo que siguen teniendo en mente una reforma laboral pendiente que se traducirá en nuevos recortes de derechos a los trabajadores. También, todos están dispuestos a seguir pagándole al Fondo Monetario Internacional y a usar eufemismos como los de “honrar nuestras deudas” cuando los deshonrados por un saqueo sin límites somos nosotros.

A pesar de la complicidad del peronismo en las cámaras a través de diputados y senadores provinciales, los votantes, acorralados por la política excluyente de Cambiemos, se volcaron en sus respectivas provincias a los conocidos o pseudo renovados candidatos de partidos locales y del peronismo, en su mayoría. A poco de comenzar el año, a principios de marzo, el primer revés para el gobierno, relativizado por sus medios adeptos, fue en Neuquén, donde el histórico Movimiento Popular Neuquino fue apoyado casi por el 40% de los votantes, el peronismo ocupó el segundo lugar y Cambiemos el tercero. Menos de un mes después, en Río Negro, el partido del gobierno era nuevamente derrotado y desplazado al tercer lugar por una fuerza local: Juntos Somos Río Negro; en segundo lugar quedó el peronismo. El mismo día, en las primarias de Chubut, otra fuerza local, Alianza Chubut al Frente, se impuso por un mínimo margen al peronismo y Cambiemos otra vez, como en las anteriores, quedó tercero cómodo y muy distante de las dos fuerzas cuyos votos fueron muy parejos, con la posibilidad de que el peronismo juntando sus votos (34%) se imponga sobre el candidato local. En este caso, Cambiemos ya se dio por vencido: le soltó la mano a su candidato al ver que no tiene ninguna posibilidad y lo dejó librado a su triste suerte de quedar aún más lejos que en las primarias.

A principios de mayo la derrota aplastante de Schiaretti en Córdoba, despegado de Cambiemos, dejó por el piso al radical Negri. Obtuvo el respaldo del 57,28% de los cordobeses y Negri logró un esmirriado 18,87% dejando en evidencia los conflictos internos en el seno del partido del gobierno al enfrentarse dos radicales, Negri y Mestre quienes, aun sumando sus votos, sólo hubieran obtenido un 30%, prácticamente la mitad que Schiaretti. La contundente derrota ya no pudo ser minimizada por los medios afines a Cambiemos, especialmente en una provincia que en 2015 garantizó con sus votos el triunfo a nivel nacional del actual gobierno. En el mismo mes, Cambiemos sufría su séptima derrota consecutiva, esta vez en La Pampa, donde Sergio Ziliotto, candidato peronista, ganó con el 52,66% contra el 31,83% del candidato radical Daniel Kroneberger, con el agravante de que la intendencia de Santa Rosa, en manos de otro radical, Leandro Altolaguirre, era arrebatada por el candidato kirchnerista Luciano Di Nápoli en otro triunfo aplastante: le sacó 24,31% de ventaja, casi el doble de lo obtenido por el intendente radical que iba por su reelección. Para entonces, Cambiemos había perdido cuatro ciudades capitales: Córdoba, Santa Fe, Santa Rosa y Paraná, donde el actual intendente de Cambiemos está procesado por narcotráfico y el peronismo se impuso en las primarias y las nacionales.

A principios de junio, Cambiemos fue derrotado en San Juan, donde triunfó cómodamente el candidato peronista con el 55,84% de los votos dejando en segundo y distante lugar al candidato del gobierno que sólo obtuvo el 33,87% de los votos. El mismo día, en Misiones, el Frente Renovador de la Concordia, integrado por Oscar Herrera Ahuad y Carlos Arce, arrasó en Misiones con el 73,01% de los votos, mientras el propio presidente nacional del PRO, Humberto Schiavoni, perdía nada menos que con el 17,33%, una verdadera puñalada de los misioneros al corazón de Cambiemos.

Al cierre de estas líneas y sin resultados definitivos, en Chubut, se imponía Mariano Arcioni de la coalición Chubut Al Frente, alineado con Massa (a punto de cerrar filas con Fernández-Fernández), en segundo lugar el candidato kirchnerista y nuevamente tercero el candidato de Cambiemos. En Tucumán, con abrumadora diferencia ganaba por casi el 50% el candidato apoyado por parte del Partido Justicialista y el kirchnerismo, Juan Manzur, lejos quedó la candidata de Cambiemos quien, según las tendencias, quedará segunda con menos de la mitad de los votos del ganador. En entre Ríos Gustavo Bordet fue reelegido y, a pesar de que no están los resultados definitivos, la tendencia marcaba una diferencia de más de un 20% por encima del candidato de Cambiemos. En la única provincia donde se impuso un candidato del gobierno, en esta misma jornada, fue en Jujuy, donde Gerardo Morales fue reelecto por cuatro años. Por último, en las PASO de Mendoza, de manera aplastante se imponía un candidato radical por encima del candidato del PRO, un dato no menor que desnuda, como en Córdoba, las fisuras en el seno de la alianza Cambiemos. En síntesis, el único que hasta ahora le dio un relativo oxígeno al gobierno fue Morales, aunque hay que tener en cuenta que pertenece a la Unión Cívica Radical y su triunfo deja a su partido en mejor posición ante el PRO y en superior relación de fuerzas dentro de la alianza Cambiemos, ya que ningún candidato del PRO ganó en ninguna parte. De todos modos, los votos jujeños no definen una elección nacional.

El 16 de junio se dirimirán las elecciones nacionales en Santa Fe, San Luis, Tierra del Fuego y Formosa. Considerando los resultados de las primarias y que en las últimas tres provincias gobierna el peronismo es casi previsible la derrota cuadruplicada para Cambiemos.

Si nos hemos extendido en este sintético análisis provincia por provincia es porque queremos arribar a algunas conclusiones. En primer lugar, el hecho de que el gobierno de Cambiemos haya perdurado cuatro años sin interrupciones de ninguna especie se debió a varios factores que lo beneficiaron. No fue porque las masas de trabajadores y pobres no quisieran sacarlos a patadas, sino porque el gobierno contó con el respaldo del peronismo en las cámaras y en la CGT que le garantizaron no sólo continuidad, sino gobernabilidad. La dirigencia peronista y sindical dejaron a las masas libradas a su suerte. No se puede decir que no se multiplicaron los conflictos, que otras centrales obreras no convocaron a movilizaciones de protesta, que los trabajadores no pelearon palmo a palmo cada puesto de trabajo que perdieron, sino que hay que reconocer que no alcanzaron las fuerzas para torcerle el brazo al gobierno y que el propio peronismo estaba dispuesto a esperar a las elecciones, más allá del desastre que significó el empobrecimiento general. La CGT tuvo un rol escandaloso y traidor al no haber convocado a paros generales contundentes, fue cómplice de cada ajuste y de todos los tarifazos, de cada techo salarial y reforma laboral encubierta en los convenios colectivos de trabajo, de la reforma previsional que sumió en la miseria a miles de jubilados. La base peronista peleó con el conjunto de los trabajadores pero en una orfandad espantosa y vergonzosa: su dirigencia o votaba las leyes del gobierno o miraba hacia otra parte o especulaba con las elecciones. En segundo lugar, las masas de trabajadores y pobres siguen creyendo que las elecciones son la salida a sus problemas, por lo cual aumentó, en general, la participación en las convocatorias electorales que se llevaron a cabo a lo largo del año y disminuyeron el voto en blanco y la abstención.

Dentro de este segundo punto es necesaria hacer la síntesis de las opciones que tiene el electorado. El peronismo que siempre fue un partido policlasista, donde convivieron explotadores y explotados, este año puso huevos en todas las canastas. La primera fórmula que se definió fue la de Fernández-Fernández, en una magistral jugarreta hecha por Cristina quien se corrió a un segundo plano y dio paso a Alberto Fernández hacia la candidatura a presidente. Descolocó al macrismo y a los radicales, pero también a otros sectores peronistas que ya venían coqueteando con Cambiemos y que fueron sus aliados en todos estos años, como el de Schiaretti. La segunda fórmula fue la jugada de Macri al decidir que Pichetto será su vice en la búsqueda de la reelección insertándole con fórceps la pata peronista al partido gobernante. Defenestrado por algunos peronistas, especialmente los ligados a Cristina Fernández, Pichetto desplazó, así, a cualquier candidato del partido radical cuyas “figuras”, de esta manera, quedaron afuera de toda posibilidad de poner un par partidario. Felpudos de la alianza, los radicales pondrán el aparato, como hicieron hasta ahora y el PRO, las decisiones importantes. Nunca fueron más ceros a la izquierda que en este momento. Dan la sensación de ser una agrupación masoquista dispuesta a inmolarse por sostener el antiperonismo, aunque ahora, ni siquiera esa miserable bandera podrán sostener. Y la tercera, directamente, fue por descarte: los que quedaron flotando en la nada decidieron juntarse en el espanto y, así, Lavagna-Urtubey se unieron en un frente perdedoramente sugestivo: "Consenso Federal 2030", es decir, ya saben que no son opción ni en éstas ni en varias elecciones. Schiaretti quedó colgado del pincel y seguramente se sueña en ese lejano 2030 en el que todos serán viejos por demás para sus apetencias presidenciales. Si no fuera que el gran damnificado de todos estos vaivenes es el pueblo pobre y trabajador podríamos calificar a todas estas alianzas como la mayor comedia de enredos peronistas de la historia. Como si todo esto fuera poco, Cambiemos se cambió de nombre y ahora se llama Juntos por el cambio y Massa pendula con la calculadora en la mano y deshoja la margarita: quiere ir a las PASO para no perder “identidad” (como si la tuviera) y luego se sumaría a los Fernández pero todo queda en potencial. Ahora queda el suspenso de saber qué opción peronista elige la base peronista, del centro a la derecha su dirigencia le ofrece tres opciones. De lo que estamos seguros es de que deberán despedirse de combatir al capital como dice la marcha que los identifica, como aquélla que aludía a los yanquis; de que los trabajadores sean la columna vertebral del movimiento; de su antiimperialismo histórico; de los derechos de los trabajadores de la Constitución de 1949 y de decenas de mitos del peronismo de 1945. Todo se lo ha llevado el posmodernismo, la supremacía del capital financiero y la hegemonía en el mundo de la burguesía financiera imperialista. Se acabaron los maquillajes y las caretas, ninguno de aquellos sueños de liberación que se soñaron toda la vida se concretará, al menos no dentro de las opciones que ofrece el peronismo de hoy, el que ahora también es un rey desnudo. Lo cierto es que la tragicomedia de enredos tiene final abierto.

Por último y en tercer lugar, las fuerzas progresistas y/o de izquierda no lograron en ningún momento transformarse en una opción ni electoral ni de referencia para el surgimiento de una nueva dirección convocante para los trabajadores y los pobres. No pudieron superar las diferencias, las prácticas mezquinas y las luchas intestinas. Muchos convocaron a la unidad y todos sabiendo que era el único camino posible de esperanza para el pueblo, sin embargo, jamás lograron unir dichos con hechos. Ninguna clase se suicida y ante las prácticas sectarias y mezquinas prefieren seguir apostando por lo malo conocido que por lo bueno por conocer.

En cada editorial que firmamos y publicamos también convocamos a la unidad y siempre sostuvimos que, para lograrla, había que deponer, justamente, las prácticas que las masas nos cuestionan con justa razón, especialmente la soberbia y el sectarismo. Siempre apelamos a profundizar la generosidad, el abandono del personalismo, el olvido de las disputas mezquinas. Muchas veces dijimos que teníamos que dejar de mirar la política por el ojo de la cerradura y comenzar a mirarla con propuestas amplias, respetuosas de las diferencias, contenedoras y creadoras de conciencia de clase, promotoras de la solidaridad entre pares explotados y constructoras de verdadero poder popular. Lamentablemente, quedamos solos en la convocatoria y no pudimos pasar de la teoría de la unidad a la práctica real de ella. Quienes creen que la Revolución se puede hacer sin las masas peronistas, que la unidad sólo puede ser entre los que pensamos exactamente igual, no sólo se olvidan de hechos pasados y fundantes, sino que viven en una irrealidad asombrosa. Quienes creen que cualquier cambio profundo se puede realizar sin crear conciencia de clase, sin hacer el trabajo “cotidiano y gris” del que hablaba Lenin, se equivoca horriblemente. Quienes creen que castigando al peronismo en general sin discriminar su base de su dirigencia construye algo más que odio, también se equivoca espantosamente. El odio entre pares de clase, muy en boga en muchas organizaciones de izquierda, sólo ha puesto un abismo en el seno de la propia clase que ha sido funcional a la clase dominante. Quienes no señalen al verdadero enemigo, la burguesía, la clase dirigente, y no esclarezcan dónde está, dónde articula su poder, entre ellos, el estado burgués, está errando en la construcción de una nueva fuerza popular que sea una opción real para los trabajadores y los pobres del país.

Así llegamos a este 2019 con un país enterrado en deudas con organismos internacionales, con la perspectiva de tener que seguir pagándole al FMI que ya viene suponiendo que podremos entrar en default porque “subestimó la crisis” en sus cálculos usureros, como si no fuera cómplice del gobierno de Macri y sus especuladores, y con candidatos de todas las fuerzas con posibilidades de gobernar dispuestos a seguir pagando; con una pobreza que supera el 51,7%, del cual más de la mitad son niños y adolescentes: el 63,6% de los menores de edad son pobres y, de ese porcentaje, el 15,4% son, directamente, indigentes; con una situación económica que empujó al 15,5% de los púberes y adolescentes de las capas medias y hasta altas a buscar trabajo y al aumento en un 33,6% más de los comedores sociales y populares. El gobierno que impuso las tristemente célebres frases “las negras se embarazan por un plan” o “que los negros vayan a trabajar” aumentó el número de planes sociales respecto del gobierno anterior superando ya los 400.000, al mismo tiempo que reducía con su política los puestos de trabajo creando miles de nuevos desocupados y, por ende, nuevos pobres, entre los que también se encuentran miles de jubilados que hasta mueren por la imposibilidad de comprar los medicamentos que necesitan, habida cuenta de los recortes sangrientos en el PAMI. Llegamos al 2019, además, con un festival de bonos emitidos a pagar en los próximos años y décadas, bonos que alimentaron la especulación financiera y la timba de los bancos; con alta entrega de tierras y recursos naturales nacionales a privados y organismos internacionales puestos, también, como garantía de los préstamos solicitados; con una inflación que, desde que está Cambiemos en el gobierno, aumentó nada menos que un 200,2% y ubica a la Argentina en el tercer lugar del mundo, después de Venezuela y Zimbawe; con un aumento del riesgo país y con una recesión indetenible que sólo expresa el empobrecimiento general al que nos han sumido a todos menos a los poderosos de siempre.

En este estado y sin haber creado una herramienta posible de esperanza para las masas estamos. Tal como dijimos, si bien nos vamos aproximando a un recambio que llevará a una nueva frustración porque la burguesía tiene pocas y ninguna posibilidad de recomponer las fuerzas productivas y retrotraerlas aunque más no sea a antes de 2015, los trabajadores y pobres se alistan para llegar a las elecciones más que para votar, para botar al actual gobierno, para darle el adiós a una de las estafas electorales más grandes que hayamos vivido desde que volteamos la última dictadura militar.

Por esta razón y pese a que nosotros no votaremos porque no creemos que estén dadas las relaciones de fuerza para que con nuestro voto podamos cambiar nuestra vida, este año, en esta campaña electoral, acompañando a las masas, no llamaremos al no voto. No será porque estemos convencidos de que las elecciones burguesas tienen alguna posibilidad de cambiar algo de la realidad, sino porque comprendemos profundamente la necesidad del pueblo de sacudirse a Macri y sus secuaces. Pero sí convocaremos a que cada uno, vote a quien vote, no baje los brazos, no se resigne ni se relaje. Llamamos a seguir luchando. Nuestras consignas serán, entre otras:

VOTES A QUIEN VOTES EXIGÍ:

• Trabajo
• Salud
• Educación
• Aumento de salarios
• Aumento de jubilaciones
• Rebaja de las tarifas de luz, gas y agua
• Vivienda
• Transporte a precios populares
• Aborto seguro, legal y gratuito
• Educación sexual en las escuelas
• Separación de la iglesia del estado
• Prohibición del glifosato
• Cese del gatillo fácil
• Derogación de la Ley Antiterrorista
• Cese de la judicialización de la protesta
• Libertad a los presos políticos
• Desmilitarización de las policías y la Gendarmería
• Derogación de todos los convenios flexibilizados
• No al pago al FMI y la deuda externa

Sabemos perfectamente que seremos criticados por izquierda por nuestra decisión, pero no estamos dispuestos a transformarnos en un grupo de marcianos como si estuviéramos escindidos de nuestro pueblo y no fuéramos parte de él, de sus angustias y desasosiegos. Por eso elegimos acompañar sin darle nuestro voto a ningún candidato burgués, plenamente conscientes de que hemos fallado en lograr crear una herramienta alternativa de esperanza para el pueblo. No sostenemos esta postura sin dolor y tristeza, sino con enorme nostalgia por la impronta que tuvieron nuestros antecesores en la década del setenta, cuando supieron priorizar los intereses colectivos por encima de los intereses sectoriales. Y, aunque hayan sido derrotados, siempre sostendremos que los aniquilaron no por sus errores, sino por sus aciertos. Habrá que dejar de autotitularnos “revolucionarios” cuando ni siquiera somos capaces de revolucionar nuestras prácticas y transformarnos en una alternativa realmente revolucionaria y de liberación. Ése y no otro es el camino que tenemos por delante o estaremos eternamente condenados a los vaivenes de la burguesía y sus crisis, sus elecciones y sus candidatos. Lograrlo está en nosotros, en los compañeros de nuestra clase, SIN EXCEPCIONES.

El Partido Revolucionario de los Trabajadores, este último 25 de mayo cumplió 54 años de su creación, allá por 1965, cuando se uniera el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano Popular), de origen indigenista, con Palabra Obrera, de origen trotskista. Más allá de que el devenir del tiempo y la lucha de clases escindió a muchos integrantes trotskistas del PRT y que la organización abrazara la concepción marxista leninista, queremos rescatar aquel gesto de unidad puesto en acto concreto, priorizando la necesidad de la herramienta colectiva que representara los intereses de los trabajadores y pobres. Dejamos nuestro reconocimiento a la trayectoria del PRT, una organización capaz de llenar de contenido amplio las diferentes expectativas populares con el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo), el Movimiento Sindical de Base, el FATRAC (Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura) integrado, entre otros, por el Cine de la Base, la Juventud Guevarista, la TER (Tendencia Estudiantil Revolucionaria), el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), la unidad latinoamericana a través de la JCR (Junta Coordinadora Revolucionaria), las diversas publicaciones como el diario El Mundo de circulación masiva, las revistas Posición (revista ideológica del partido), Nuevo Hombre, Estrella Roja y el periódico partidario El Combatiente, además de la editorial La Rosa Blindada, etc. Todas estas opciones creadas y fomentadas por el PRT tuvieron un solo objetivo: la toma del poder. Y ésa es su sabiduría histórica, la marca en el orillo que hizo de esta organización la única izquierda con verdadera vocación de poder, la única que se planteó el aplastamiento de la burguesía para poner el poder en manos del proletariado creando todo el andamiaje para hacerlo posible y real. Desde entonces no ha habido ninguna otra organización con semejante despliegue y muchas de esas experiencias hoy son tomadas como ejemplo hasta por organizaciones que ni siquiera tienen coincidencia ideológica con el PRT.

Honramos a nuestros caídos, hombres y mujeres de conducta ejemplar que fueron capaces de unir los dichos con los hechos y que han dejado, en la memoria del pueblo, su sello indeleble de honestidad, grandeza y generosidad. Ellos son los verdaderos revolucionarios, los que se jugaron el pellejo consecuentemente con sus sueños revolucionarios.

¡Honra y honor a Mario Roberto Santucho y todos los compañeros y las compañeras que integraron el glorioso PRT! En su nombre y en el nuestro dejamos el saludo perretista sintetizado en una sigla, AVOMPLA, que tradujo y sigue traduciendo la esencia del compromiso político de esta organización: A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA.

12 de junio de 2019.