Partido Revolucionario de los Trabajadores
Por la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución" (Ernesto Guevara)

Imprime esta página - Tamaño de texto + / - Editorial - Julio / Agosto - 2011

EDITORIAL

“… los defensores de la propiedad privada sobre la tierra —jurisconsultos, filósofos y economistas—… han hecho no pocos esfuerzos para disimular el hecho inicial de la conquista al amparo del «derecho natural». Si la conquista ha creado el derecho natural para una minoría, a la mayoría no le queda más que reunir suficientes fuerzas para tener el derecho natural de reconquistar lo que se le ha quitado. ” Karl Marx.

Acerca de la tierra y lo que no es “nuestro”

La colonización de América y la apropiación de tierras por parte de los conquistadores ha tomado nuevas formas a partir del dominio de la burguesía en el mundo. Ese dominio nunca se detuvo y, en los últimos tiempos en Argentina, ha sido favorecido por una serie de medidas oficiales de los estados nacional y provinciales que garantizan la apropiación de la tierra no sólo en manos de una clase, como ha sido siempre, sino que, ahora, facilita la apropiación por parte de multinacionales que han llegado para quedar­­­se y explotar todos y cada uno de los recursos de la tierra que consideramos “Nuestra”. Como siempre sostenemos, la burguesía local está asociada con la burguesía extranjera a través de empresas, bancos y negocios internacionales. Aclarar nuestro punto de vista acerca de la inexistencia de la “dependencia”, muy mentado por estos días, es pertinente cuando la globalización del sistema capitalista deja más clara la unidad de intereses de una clase a la que no le tiembla la mano cuando de hacer prevalecer sus negocios, por encima de los intereses de las mayorías, se trata. Así, no hay muchas diferencias entre el burgués “nacional” Blaquier, que carga en su espalda los muertos que se supo conseguir a lo largo de la historia para defender SU tierra y SUS negocios y cualquier multinacional, como la Barrick Gold, por ejemplo. No hay disparidad entre las prácticas de los propietarios santiagueños que persiguen y matan campesinos en Santiago del Estero y cualquier “inversor” extrajero, como Luciano Benetton que persigue y expulsa mapuches en la Patagonia para tomar posesión de SU tierra. Y menos hay diferencias entre los intereses de un Biolcatti y un Douglas Tompkins o entre un Tinelli y un Ted Turner. Las nacionalidades de los propietarios de la tierra no los hacen más “buenos” o más “malos”, sino que sirven sólo para exacerbar falsas contradicciones, apelando al nacionalismo e intentando usar un árbol para tapar un bosque infinito de intereses que llevan a desdibujar las diferencias entre dos clases antagónicas: la de los propietarios de los medios de producción y la clase a la que pertenecemos los que vendemos nuestra fuerza de trabajo, nuestro único “bien”

“Nuestra” no es la tierra que ocupan las mineras a cielo abierto como la Barrick Gold donde opera Gioja, gobernador de La Rioja o la “nacional” San Jorge, de Mendoza, sólo por nombrar un par de ejemplos. “Nuestra” no es la tierra de los que siembran, cosechan y comercializan soja transgénica a lo largo y ancho del país donde haya tierras cultivables. “Nuestra” no es la tierra que se dedica a los grandes negocios turísticos como los del consorcio anglo-malayo Walbrook, en Malargüe. “Nuestra” no es la tierra de los Blaquier que hasta tienen pueblos que llevan su nefasto y maldito apellido y quien es responsable del asesinato de tres humildes sin tierra sólo en los últimos meses. “Nuestra” no es la tierra de los emprendimientos hoteleros para gente de altos ingresos, como los del texano Ward Lay, heredero propietario de las empresas Pepsi y Lays, en Neuquén, con hoteles cinco estrellas, cotos de caza y pesca incluidos. “Nuestra” no es la tierra de Biolcati y Miguens que compraron sólo en los últimos tiempos 8.000 hectáreas cultivables en Neuquén cada uno. “Nuestra” no es la tierra de la familia Celia que junto con el gobernador de Formosa Gildo Insfran, -muy “nacionales y populares” ellos…- para arrebatársela a los qom, asesinaron a dos miembros de su comunidad. “Nuestra” no es la tierra de la estación Buenos Aires de Barracas, concedida entre gallos y medianoches al camionero Moyano por orden política del ministro De Vido. “Nuestra” no es la tierra ocupada de los médanos en la zona de la costa de la Provincia de Buenos Aires, donde se avanza sobre la geografía y el ecosistema lugareño para construir torres y hoteles para el turismo en un gigantesco despliegue de negocios inmobiliarios. “Nuestra” no es la tierra de la costa, miles de hectáreas pertenecientes a los Martínez de Hoz, familia que históricamente ha sido partícipe de todas las masacres y genocidios que se han cometido en el país, fundadores de la nefasta Sociedad Rural Argentina. “Nuestra” no es la tierra misionera, donde se desforesta a mansalva y donde ya se ha distorsionado el clima, se han mermado las reservas acuíferas y se han producido sequías preocupantes. Podríamos seguir nombrando todas las tierras que no son “nuestras” para demostrar que “nuestro”, al fin y al cabo, hay poco y nada, que todo pertenece a la clase dominante, la que destruye el hábitat, la que habiéndose apropiado de la tierra realiza pingües negocios de cualquier índole y la que garantiza sus ganancias a costa de –ahora sí- nuestra explotación, nuestra salud y nuestra propia vida. ¿Cuántas de las 279.181.000 hectáreas del suelo argentino nos pertenecen en hechos concretos a los trabajadores, los campesinos pobres, los humildes, los pueblos originarios…?

Si hacemos estas aclaraciones con ejemplos concretos es porque cuando se gobierna con el manual del populismo en la mano se apela a la palabra “nuestro” para defender cualquier proyecto que, más a la corta que a la larga, sólo es uno más para beneficiar a los de siempre, a los mismos de antes con sus socios de ahora. ¿A qué nos referimos? Al proyecto de Ley de Tierras. Para el oficialismo es una medida progresista que apunta a impedir el avance de extranjeros en la posesión de tierras dentro del mapa argentino. Para la oposición, se trata de una ley “discriminatoria” contra los extranjeros. Parece que la pseudo oposición se ha acordado del crisol de razas justo cuando la medida puede afectar a las multinacionales, pero miró bien para otro lado cuando el gobernador de Jujuy amenazó con deportar a los extranjeros (siempre pobres) que tomaran tierras… Y, también, como argumento, rescató el “federalismo”: tienen que ser las provincias las que decidan sobre las tierras, sostuvo la pseudo oposición. Quizás estén pensando en dejarles las manos libres a los gobernadores que vienen haciendo de socios de empresas nacionales y extranjeras, como Miguel Saiz de Río Negro, por ejemplo…

Así las cosas, el proyecto ya fue rechazado por la pseudo oposición que aplastó una ley que pretendía limitar la venta de tierras a extranjeros con un tope de mil hectáreas a cada uno y que no superara el 20% de las disponibles en el país para uso productivo, pero que, a su vez, tiene varias aristas interesantes que nos llevan a pensar a quiénes iba a beneficiar la ley. No son retorcidas elucubraciones nuestras, sino aseveraciones de la propia presidenta quien sostuvo que se trataba de una “ley nacional y no estatal, ya que es una cuestión de todos los argentinos y fundamentalmente de los que tienen capacidad para invertir y hacer producir la tierra“. ¿Una cuestión de todos los argentinos…? ¿Usted? ¿Nosotros? ¿Los pueblos originarios? No. Solamente los que tienen capacidad de invertir para que la tierra produzca… Por tanto, la ley no era para nosotros los argentinos en general, sino para beneficiar a la burguesía local cuyos miembros siguen siendo socios y testaferros del capital financiero internacional, parte y también testaferros de las sociedades “extranjeras” ya radicadas en el país. Es más, un Blaquier, que posee cerca de 150.000 hectáreas, no sólo no se vería cuestionado por la “ley de tierras“, sino que hasta resultaría altamente beneficiado: es un capitalista “nacional”, es decir, ¡podría seguir comprando tierras…! lo que equivale a favorecer una mayor concentración del capital, acorde con los tiempos que corren a nivel internacional. Y ya sabemos lo que hacen los capitalistas “nacionales” cuando alguien les toca SUS tierras que no son “nuestras”: los matan, como en Jujuy, Formosa o el Parque Indoamericano.

Lo que no se dice ni dirá nunca es que el control del capital financiero sobre el negocio agrario no sólo está relacionado con la propiedad de la tierra, sino con los agroquímicos producidos por monopolios internacionales, la posesión y control de los pools de siembra que operan sobre tierras arrendadas, la exportación concentrada en un puñado de empresas multinacionales como Dreyfus, Bunge, Cargill, sólo por nombrar algunas. Sin embargo, el proyecto para defender lo “nuestro” ni siquiera rozaba los intereses de las empresas monopólicas e imperialistas.

Lo cierto es que MUY TARDE se acordó el gobierno del avance “extranjero” sobre las tierras: cuando vetó la ley de glaciares permitió que se consolidaran 63 explotaciones mineras en manos de multinacionales, 91% del total de las que operan en el país, por ejemplo.

Mucho se bate el parche con el avance chino, pero nada se dice de los capitalistas “nacionales” oficiando de testaferros o de los políticos cómplices de multinacionales como los gobernadores de La Rioja, Mendoza, Formosa, Río Negro, Jujuy y varias provincias argentinas.

Entonces… ¿Dónde está lo “nuestro”, dónde esa “propiedad” en que tanto nos quieren involucrar…? En realidad, lo nuestro está en la capacidad que tenemos de organizarnos para resistir y rechazar todos y cada uno de los proyectos que nos perjudican. Ejemplos de resistencia sobran: las asambleas de Andalgalá, de la costa en defensa del ambiente costero o de la defensa del agua en Mendoza, donde terminan de voltear con movilización el proyecto minero de la empresa San Jorge. Allí está lo materialmente nuestro. En ninguna otra parte. En ninguno de los intereses ajenos a nosotros. En ninguno de los intereses de la clase dominante. En ninguno de los proyectos de la burguesía y los gobiernos que los representan.

Crisis internacional y repercusiones locales

Pocos analistas internacionales aciertan con la caracterización de la crisis internacional y menos son los que admiten que el capitalismo está sumido en una crisis de súper producción.

Las exportaciones argentinas se encuentran atadas especialmente a China y los países asiáticos, Brasil y Estados Unidos. No vamos a extendernos sobre el declive vertiginoso de la economía de Estados Unidos, pero sí podemos asegurar que su crisis se extiende en el mundo y ha llegado a Brasil, donde la moneda de ese país ha sido devaluada un 7% desde julio. Las repercusiones de la crisis en el país vecino complicarán la “primavera” económica de las exportaciones a ese país que, actualmente son del 21% del total. Los principales productos exportables son automóviles (41%). Una desaceleración de la economía brasilera producirá en el país la consecuente desaceleración de la producción automotriz local.

Por otra parte, a medida que la crisis se profundiza, se generaliza el achique de mercados. Si bien la economía china aún crece, también es cierto que no al mismo ritmo con que lo hacía en años anteriores. La ralentización de la economía del mundo no deja a nadie afuera. Esto significa que también se reduce su capacidad de compra y de pago. Y si actualmente le compra soja a la Argentina ¿Cuáles son las razones materiales que tenemos para pensar que seguirá comprando los mismos volúmenes que antes de soja y otros bienes? Todo es un albur en la indetenible caída de la economía capitalista. Cada una de las medidas para detenerla, adoptadas por los estados burgueses europeos y el norteamericano, han fracasado. Ésa es la única realidad incontrastable. Y mientras nos azuzan el nacionalismo sobre lo que es “nuestro” para que tengamos precauciones sobre el peligro que entraña el avance “extranjero” pocos se “asustan” con los convenios que realizó el gobierno con los chinos que invertirán 9700 millones de dólares de sus bancos estatales para financiar vagones y la extensión de la línea “E” de subterráneos para llegar a Ezeiza, la creación de subtes en Córdoba, la provisión de coches para el ferrocarril San Martín, la extensión de 1700 kilómetros de vías, la compra de 50 locomotoras y el arreglo de las estaciones del Belgrano Cargas a través de la compañía Cemec (China Machinary and Equipment Corporation), con una inversión de 2500 millones de dólares. ¿Cón qué pagará Argentina esas inversiones…? ¿Qué parte de lo “nuestro” se irá hacia China, un país que no da puntada sin nudo…?

Por un lado, se fogonea contra la extranjerización de la tierra, pero por otro, se hacen contratos millonarios con China. Es más, suelto de cuerpo, Timerman sostuvo que “No vemos como una amenaza las inversiones chinas“. ¿En qué quedamos…? ¿Estamos o no amenazados por las inversiones extranjeras…? Si lo analizamos bien, nos quieren arrastrar a una verdadera esquizofrenia.

Pero para aumentar aún más el desconcierto, mientras la presidente anuncia que va a industrializar el país, las exportaciones a Brasil de automotores, en realidad, son con autopartes que se importan (es decir, que se producen en otros países del mundo), que luego se ensamblan acá y que más tarde regresan a Brasil. Si el propósito es el de industrializar al país, tal como señalan, nos seguimos preguntando ¿Por qué los autopartes no se fabrican en Argentina? ¿Por qué las remodelaciones de los ferrocarriles las tienen que hacer las corporaciones chinas y no los industriales “nacionales” (y ahora populares porque les conviene) para crear verdaderos puestos de trabajo? Cuando se analizan en profundidad todas las medidas nos damos cuenta de que estamos envueltos en mentiras y contradicciones.

Pero mientras avanza la crisis en los países centrales del primer mundo –cuyos gobiernos aplican a sus pueblos las medidas con que antes condenaron al tercero al que pertenecemos-, aquí seguimos escuchando la cantinela de que estamos blindados. Sin embargo, la preocupación existe para la burguesía y sus gobiernos, aunque la minimicen y tergiversen para sus propios medios de comunicación: la reunión de cancilleres de los países que integran la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) para pergeñar medidas que atenúen la crisis debe leerse como una expresión de esa preocupación. Entre sus planes para “blindarse” de la crisis contemplan la creación de un Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) con el fin de proteger las monedas de la región; la capitalización de la Corporación Andina de Fomento (CAF); la implementación del comercio regional en monedas locales y la creación del Banco del Sur, para lo cual, esta vez, la pseudo oposición estuvo totalmente de acuerdo y no sólo convirtió en ley la medida en tiempo récord en una de las últimas sesiones de la Cámara de Diputados, sino que ni siquiera la sometió a debate. Es que el miedo no es zonzo… Sólo para el Banco del Sur, el país debe aportar 400 millones de dólares anuales en los próximos cinco años (en total 2.000 millones de dólares), para lo cual el ministro de economía Boudou piensa incluir la cifra requerida en el presupuesto de 2012. No es necesario ser adivinos para saber, de antemano, quiénes pagaremos la inversión y quiénes seremos los socios de piedra del nuevo banco. El inefable “comunista” y travestido Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop y previsible diputado nos quiere convencer con que “El Banco del Sur es un banco de desarrollo, no de emergencias”, otra gran mentira, porque más que ocuparse del desarrollo, se ocupará de la terapia intensiva de la burguesía cuando llegue la crisis.

Estas medidas, pensadas para garantizar las ganancias de los que hacen negocios, generan respaldos políticos de amplios sectores de la burguesía. A tal punto es así que José Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA (Unión Industrial Argentina), refiriéndose a la presidenta sostuvo: “Estuvimos con ella en México e Italia y tuvimos misiones comerciales muy importantes que no son para cuatro meses sino para un proyecto de Argentina a largo plazo”. Exactamente, son para favorecer que la cadena no se les corte, pese a la crisis por la que atraviesa el sistema. Y cuando Mendiguren dice “Argentina” debemos leer bien: habla de ellos, los propietarios de las industrias, no de sus explotados.

Cuando muchos explotadores se ponen de acuerdo y están contentos, nosotros tenemos que estar atentos… Y no sólo están contentos los de la UIA, sino también los piqueteros terratenientes con el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA), pese a que, como barril sin fondo, piden más. No les alcanza con un plan que les garantice dónde meter sus granos en caso de que la crisis les impida venderlos al exterior: quieren menos impuestos y retenciones, mayores créditos oficiales para financiar maquinaria y mayores “inversiones” estatales (léase que el estado sea su “socio” para las posibles pérdidas). Pero, igualmente, este plan les conviene porque se propone incrementar la producción de granos hasta llegar a los 160 millones de toneladas en 2020. Según la presidenta, la producción de soja de 52 millones de toneladas pasará a 71 millones; la de maíz de 23 a 50 millones; la de trigo llegará a los 23 millones y el arroz y el girasol crecerán un 130%. Todo esto, en el marco de la crisis internacional, equivale a decir que ese crecimiento está previsto para el consumo interno, algo absolutamente imposible si la crisis trae ajustes y desocupación como ya sucede en Europa y Estados Unidos. Como mínimo, es una nueva mentira, como máximo, una propuesta idealista.

Sin embargo, todo no es color de rosa para los chacareros: el nuevo plan deja sin aclarar qué piensa hacer el estado argentino con los pools de siembra, es decir, los monopolios internacionales, algo no menor. Los integrantes de la Federación Agraria de Rosario ya largaron las primeras prevenciones: “Si no se define cuál va a ser el sujeto agrario de la próxima etapa, un puñado de pooles de siembra y grandes empresas mantendrá su situación dominante, y seguirán quedándose con el grueso de la renta, como lo hacen desde hace varias décadas en la Argentina”. Cualquier coincidencia con la realidad no es pura casualidad, sino parte de lo que tantos gustan en llamar “el modelo”.

Tampoco es color de rosa la vida de los trabajadores que venimos apechugando la inflación con los aumentos salariales en cuotas. Cuando recibamos la última, en la mayoría de los convenios firmados en las paritarias, la inflación habrá sobrepasado nuestros aumentos. Y el incremento de la asignación universal por hijo y las asignaciones familiares, anunciado con bombos y cornetas antes de las elecciones pero pagaderos un mes después, tampoco cubre la inflación sostenida de la que poco o nada habla ningún funcionario. Ya comienzan a escucharse las primeras voces de descontento dentro de los trabajadores estatales provinciales y hasta de algunos gobernadores cuyas partidas presupuestarias aún no cubren ni siquiera el aumento anterior del salario familiar. ¿Será que los trabajadores se quejan de llenos…?

Con este panorama, llama poderosamente la atención tanta apelación a la defensa de la “profundización del modelo”, cuando sólo beneficia a los más poderosos, favorece la concentración de capitales y de la tierra, respalda el accionar de los monopolios extranjeros y usa los fondos públicos para atenuar el impacto de la crisis en la clase dominante. Lo único que se profundiza, cuando los explotadores encuentran caminos para no perder nada y aumentar o mantener sus tasas de ganancia, es nuestra pobreza. La inflación está funcionando como un impuesto encubierto a los que menos tienen.

Guitarra, mentiras y declaraciones

La política nacional ofrece innumerables posibilidades de divertirse barato. Efectivamente, estos meses posteriores a las primarias y previos a las elecciones de octubre nos brindan los cruces entre candidatos y afines.

Uno de los primeros en largar la zaga de insultos y ridiculizaciones, fue el candidato peronista Duhalde, quien sin mucha diplomacia dijo: “Los imberbes ahora son viejos, pelados y pelotudos”. Evidentemente, los insultos no juntan votos, porque salió tercero cómodo. Algo similar le pasó a Carrió, quien también se fue de boca cuando en alusión a Duhalde sostuvo: “Le ofrecemos al pueblo haber dicho que no a la corrupción, al narcotráfico, a los plenos poderes, a la mentira y a la complicidad, y esos valores son una roca mucho más fuerte que el falo de algún candidato a presidente”. Por lo visto, ninguno escatimó ni agravios ni alusiones genitales, pero a ambos les pasó lo mismo: Carrió no llegó ni al 2,5 % de los votos emitidos.

El ministro de economía regaló el flanco cuando participó en el Concierto “La fuerza del amor”, realizado en el Planetario donde tocó la guitarra y ofició de disck jokey. Das Neves, actual gobernador de Chubut y candidato a vicepresidente, no lo dejó pasar cuando declaró: “Mientras Boudou tocaba la guitarra, el G-20 estaba reunido para analizar la crisis mundial”. Lo más triste es que era cierto. Redrado también aprovechó la situación y marcó: “Argentina necesita menos guitarrita y más plan económico”, pero Boudou no se hizo esperar cuando le respondió: “Soy menos un hombre de las revistas del corazón y más un economista”. Sin embargo, las revistas y programas televisivos de chismes se hicieron una panzada…

Pero a Boudou también le va a crecer la nariz por mentiroso, porque no tuvo empacho en sostener que: “Este gobierno puso fin al clientelismo” o “Yo estuve andando por el país y no veo faltante de combustible”. Cuando se refirió a las calificadoras internacionales de riesgo, a las que les adjudicó la responsabilidad del estallido de la burbuja inmobiliaria, dijo: “Como mínimo es una falta de profesionalismo, porque el sistema financiero funciona muy bien. Boudou, Boudou… ¿Vive en Argentina? Es más, ¿enciende el televisor y mira algún noticiero…?

Recordamos que fue Eva Perón quien dijo: “El peronismo será revolucionario o no será nada”. Y ha sido Cristina Fernández de Kirchner la que sostuvo: “Yo nunca pretendí ser revolucionaria, soy peronista, nada más”. A confesión de partes, relevo de pruebas… No combate al capital. No se preocupe, señora presidenta, muchos ya lo sabíamos sin necesidades de aclaración. Usted pertenece al mismo partido del que dijo “cinco por uno” y después organizó la más cruenta fuerza paramilitar y preparó el terreno para la posterior dictadura asesina y los cinco por uno fueron del campo popular, aquellos que soñaban con la patria socialista.

Pero luego de perder las humanas sonrisas que logramos esbozar para no llorar, también tenemos que marcar que parte del poco feliz discurso de la presidenta estuvo dedicado a trabajadores y no fue precisamente desde un lugar de respeto, sino desde el macartismo, directamente. La alusión al trabajo de su padre para justificar la ridiculización de los trabajadores del subte dejó al descubierto su costado más sectario. Es que los trabajadores del subte en su mayoría no son peronistas, algo que al gobierno le impide meterlos “en caja”. A las ya poco felices palabras de su discurso agregó que “… son trabajadores a quienes también les reconocimos la libertad sindical”, como si la libertad sindical fuera una graciosa concesión y no un derecho contemplado por la constitución burguesa y conseguido después de años de lucha. La ridiculización de trabajadores intenta invisibilizar un reclamo justo: el aumento de personal para evitar la enfermedad como consecuencia de la recarga de tareas. 40 certificados médicos emitidos por hospitales públicos constatan que la tendinitis de los trabajadores es real y que amerita una solución que contemple su salud, dado que a esta patología ahora se le suman trastornos cervicales, también certificados por médicos públicos. Parece que los únicos “trabajadores” que reconoce la presidenta son los de la burocracia sindical que hace años que se convirtieron en empresarios y no tienen ni idea de lo que es trabajar.

A sus dichos de “Cuando hay un gobierno como el nuestro, que ha hecho de su política de derechos humanos, de no criminalización de la protesta social que muchas veces son provocaciones, ser revolucionario es lo más fácil que hay”. Nosotros consideramos que ser revolucionario nunca fue lo más fácil: en épocas de dictadura nos costó la vida, en épocas de democracia burguesa, tenemos que luchar por defender nuestros intereses sin ser ridiculizados ni perseguidos por patotas que nos matan y responden al poder oficial, sorteando cooptaciones a través de los recursos materiales que siempre han tenido los gobiernos de la clase dominante, perseguidos con las leyes burguesas para aplastar nuestros reclamos, judicializados por la protesta que la presidenta niega, cuando hay más de cinco mil procesados entre las filas de los activistas sociales, políticos y sindicales. No, señora presidenta, más fácil es sumarse a la charca, travestirse para recibir suculentos subsidios, transformarse en conversos para optar por el camino más corto y posibilista. Nunca fue fácil, señora presidenta, ser revolucionario, porque los revolucionarios aspiramos a una sociedad sin una clase que nos explote, nos oprima y decida nuestro destino condenándonos a la pobreza, la exclusión o la apropiación del fruto de nuestro trabajo.

Los derechos humanos no se reducen al juzgamiento de un par de viejos decrépitos, ejecutores de nuestros compañeros, mientras se deja sin juzgar a los civiles que se enriquecieron y sustentaron la dictadura militar. Los verdaderos derechos humanos contemplan que ningún niño muera de hambre o padezca desnutrición, como sucede en Salta, por ejemplo; los derechos humanos ameritan una política que aniquile el gatillo fácil destinado a nuestros jóvenes más pobres, por mano de policías corruptos y mafiosos; los derechos humanos implican la necesaria destrucción de los operadores de la trata de jóvenes y mujeres en manos de verdaderas redes de tráfico de personas; los derechos humanos incluyen condiciones dignas de trabajo y no la sumisión de los trabajadores a la esclavitud más abyecta; los derechos humanos, necesariamente, implican el cuidado de nuestra salud en todos los espacios en que vivamos, la protección de nuestro hábitat que hoy es envenenado con las mineras a cielo abierto y el glifosato de la soja transgénica de los “productores nacionales”, el amparo de nuestros viejos que todavía siguen cobrando pensiones y jubilaciones miserables comparadas con el costo de vida, y la educación de nuestros hijos al alcance de todos en escuelas que no pongan en peligro sus vidas; los derechos humanos incluyen la vivienda digna y no la muerte a cambio de una toma de tierras, como en Jujuy, en Formosa o en el Parque Indoamericano. Todos ellos son derechos humanos que hoy no se contemplan ni respetan.

De dioses, hombrecitos y policías (*)

El asesinato de Candela Rodríguez dejó al descubierto todo lo que se oculta desprolijamente: la ineptitud de la “justicia”; la participación de un fiscal vinculado con los crímenes de lesa humanidad de la dictadura; la complicidad de la policía con redes criminales; el contubernio entre las fuerzas policiales y los medios de comunicación que recibieron toda la información fílmica y de datos investigados a través de “filtraciones” de los uniformados; el hartazgo de una sociedad ante la desaparición aparentemente misteriosa de las niñas y jóvenes.

Resultó altamente significativo que se tratara el tema con tanta “dedicación” mediática, cuando nunca los medios se ocuparon de la desaparición de Luciano Arruga o las desapariciones de más de doscientos niños de acuerdo con el registro de Missing Children. También sorprende que sólo una madre fuera recibida por la presidente, cuando, por ejemplo, otra madre humilde de Villa Gessell aún espera que alguien le responda por la desaparición de su hija de doce años, Agostina Sorich…

Lo que no sorprende para nada es la reacción popular contra el comisario interviniente en la investigación. Y no sorprende porque es un secreto a voces la connivencia de la maldita policía con el crimen organizado, viejas prácticas que se remontan a muchos años, agudizadas por la dictadura militar que les legitimó el hábito del “derecho” al botín, porque no sólo asesinaron a toda una generación de militantes y activistas sociales y políticos, sino que se quedaron con sus bienes patrimoniales, sus efectos personales y hasta sus hijos.

Y a nadie debe haber asombrado que fuera detenido Gabriel Bohdan Sobenko, integrante de la Policía Metropolitana -la maldita policía creada por Mauricio Macri- como parte del operativo enfocado a desarticular una organización de entrenamiento nazi para jóvenes. Manoplas, cuchillos, bastones extensibles de metal, un equipo de comunicación tipo handy, etc. fueron algunos de los elementos incautados a uno de los destinados a cuidar la “seguridad” de los ciudadanos. ¿Es necesario agregar algo más para demostrar con pocos botones de muestra lo que es una constante…?

Víctima de los hábitos devenidos de la dictadura en los aparatos represivos, que aún tienen vigencia, fue Julio López y septiembre trae consigo no sólo su mención, sino la exigencia de su aparición con vida, del castigo a los responsables de su secuestro y desaparición, del esclarecimiento de los hechos. Saldremos a la calle por Julio, como cada año, pero también como se moviliza cada barriada cuando rematan a quemarropa a uno de sus hijos, cuando desaparecen a sus hijas, cuando se rebelan con justa causa por cada injusticia que sucede en el país de los “derechos humanos”

Pero septiembre también nos trae a otros rostros adolescentes, aquéllos que fueron ultimados por reclamar un sencillo boleto estudiantil en la Noche de los Lápices. No queremos más noches, no queremos más rostros tiernos estampados en fotos policiales, no queremos más recordatorios que no nos lleven a la lucha por el país que soñaban esos jóvenes de todas las organizaciones que SÍ FUERON REVOLUCIONARIAS y no se jactaban de ser lo contrario, sino que dieron la vida por serlo.

Desde ese lugar, después de hacernos cargo del camino elegido, sabiendo que no es fácil pero que está sembrado de ejemplos gloriosos y heroicos de hijos de este pueblo que bajo todas las banderas se enarbolaron en un proyecto de justicia y libertad para los nuestros, saldremos a la calle, una y mil veces, tantas como hagan falta. La lucha de los pueblos en pos de su verdadera emancipación, para quien no lo ha entendido, no se detiene nunca. Cada vez que un hombre o una mujer se plantan y dicen no o basta o hasta aquí, renace la esperanza. Si algo no podemos prometer es que nos daremos por vencidos.

(*) Gracias Humberto Constantini, Premio Casa de las Américas, por la síntesis de tu título que tomamos prestado.

Por Amanda Cánepa.